FRASES PARA SACERDOTES


"Nunca pueden confiar en una persona que desprecia la Madre de Dios. No le pueden oír nada de lo que enseña, no pueden leer nada de lo que escribe y no pueden oír nada de lo que predica. El que desprecia a la Madre de Jesús es un mismo enviado del diablo. Porque el único que persigue a la Madre de Jesús, la teme y la odia es satanás."

De: LA BATALLA ESPIRITUAL, Marino Restrepo.

EL SACERDOTE ABRE LAS PUERTAS AL FUTURO DE DIOS PARA EL MUNDO

ELOGIO DE LA CASTIDAD SACERDOTAL


O quam pulchra est casta generatio cum claritate (Sab. 4, 1).


Por Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa


Queridos hermanos, que hermosos elogio hace la Sagrada Escritura de la castidad, al hablar de esta virtud en el libro de la Sabiduría.Nada es comparable al mérito de un alma casta. En verdad la castidad es una gloria soberana del hombre. Es de San Ambrosio esta hermosa frase: Qui castitatem servavit, ángelus est; qui perdidit, diabolus. El que guarda la castidad, un ángel es; el que la pierde, un diablo. El que guarda con fidelidad la castidad se despoja de su humanidad para revestirse de la naturaleza angélica; lo mismo que el que la sacrifica es un ángel caído.

¿Por qué hemos de ser castos los sacerdotes? Porque así lo hemos prometido en el momento más solemne de nuestra vida. San Pablo nos lo dijo a todos:¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros? Si alguno profana el templo de Dios, Dios lo destruirá (1 Co. 3, 16). Esta ley que rige para el fiel, mucho más para el sacerdote, esperando eterna ruina a los que profanen su cuerpo con la impudicia.

Nuestro santo ministerio no puede mezclarse con ningún acto impuro, pues el Señor se aparta del sacerdote que no es puro. Y con ello pierde la luz para guiarse en su ministerio, el fervor y el celo pastoral. El abismo llama al abismo (Sal. 42, 8) (abyssus abyssum invocat). La falta de pureza en el sacerdote arrastra a éste hacia un verdadero abismo, separándose de Dios, endureciendo su corazón y llevando a una terrible situación donde queda totalmente desfigurado e irreconocible su sacerdocio.

Cuánto daño hace a la Iglesia el sacerdote que no vive la castidad, cuántos escándalos y cuánto daño a las almas que inocentemente de ponen en sus manos con total confianza, con la confianza de un padre, y se encuentran traicionadas, y, no pocas, veces, dañadas irremisiblemente.

Pero la fuerza que impele a una vida de castidad perfecta, a querer la castidadcomo una hermana inseparable, como una parte esencial del propio yosacerdotal, indivisible a nuestro propio ser, es nuestra ligazón con elSacrificio de la Misa. Nuestras manos, que ya no lo son, han de ser purísimas, son las manos que tienen entre sí al Cuerpo de Cristo. Son las manos que están destinadas a ser las del mismo Jesucristo. Porque ya no es el sacerdote, es Él mismo quien ofrece le Santo Sacrificio.


Oraciones para pedir la santidad sacerdotal.

Realmente uno se queda asombrado al comprobar cómo tradicionalmente la Santa Iglesia cuida y se preocupa mucho por la castidad y santidad sacerdotal, advirtiendo y ayudando al sacerdote con santas oraciones y ejercicios de piedad, que le recomienda imperiosamente. Así, tenemos laOración para pedir la gracia de conservar la castidad – Oratio ad gratiam servandæ castitatis implorandam-; la Oración para pedir la santidad de vida– Oratio ad vitam sanctae ducendam. Oraciones de los sacerdotes para antes y después de la propia confesión sacramental – Oratio sacerdotis ante et post ipsius confessionem. Oración del sacerdote antes de oír las confesiones sacramentales de los fieles – Oratio sacerdotis antequam Confessiones excipiat. Oración del sacerdote después de oír las confesiones sacramentales de los fieles – Oratio sacerdotis postquam Confessiones exceperit.

La fórmula de la consagración de los sacerdotes al Sagrado Corazón de Jesús –Formula consecrationis sacerdotum ssmo. Cordi Iesu. Oración a Cristo Rey – Oratio ad D. N. Iesum Christum Regem.


Preparación para la Santa Misa.

Oraciones todas recogidas en el Breviario para que se recen con frecuencia los sacerdotes. Pero, es en todo lo referente a la Santa Misa donde nuestra Madre Iglesia persiste con más insistencia en recordar al sacerdote su pureza, su castidad, su santidad, por lo sagrado y sublime del Santo Sacrificio. Para cada día de la semana, y como preparación para la Santa Misa(Præparatio ad Missam), nos propone unas oraciones, a parte de una serie de hermosísimos salmos, que nos recuerdan lo sublime de nuestro ministerio y la imperiosa e ineludible necesidad de muestra pureza y santidad de vida. Por ejemplo, la oración para la feria secunda, es decir para el lunes, empieza de esta manera: Rex virginum, amator castitatis et integritatis…, Rey de la virginidad, amante de la castidad e integridad... Y así, cada día de la semana el sacerdote, al leer estas oraciones, tiene presente el misterio al que se enfrenta y realiza, y lo que la Iglesia espera de él y de su ministerio.

Una vez leídas las oraciones preparatorias para la Santa Misa, la Santa Iglesia nos sigue recordando la necesidad de nuestra pureza y castidad mientras nos revestimos de los ornamentos sagrados. Por ejemplo, cuando nos lavamos las manos rezamos la siguiente oración: Da fuerza, oh Señor, a mis manos por este lavado, de modo que pueda servirte sin pecado físico o mental – Da, Domine, virtutem manibus meis ad abstergendam omnem maculam; ut sine pollutione mentis et corporis valeam tibi servire.

Cuando nos ceñimos el cíngulo, rezamos: Cíñeme, Señor, con el cíngulo de la pureza y extingue en mis entrañas los movimientos sensuales desordenados, de modo que permanezca en mí la virtud de la castidad –Precinge me, Domine, cíngulo puritatis, et extingue in lumbis meis humorem libidinis; ut maneat in me virtus continentiæ et castitatis.


Realización de la Santa Misa.

Para la realización del Santo Sacrificio, la instrucción, recomendación y enseñanza que nos da la Iglesia es inapreciable e insuperable; enseñanza verdaderamente santa para celebrar dignamente: Quiero celebrar la Misa y consagrar el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo según el rito de la santa Iglesia Romana, en alabanza de Dios omnipotente y de toda la Corte triunfante para utilidad mía y de toda la Iglesia militante, por todos los que, en general y en particular, se han encomendado a mis oraciones y por la prosperidad de la santa Iglesia Romana.


Acción de gracias después de la Santa Misa.

Tras la finalización de la Santa Misa, la Santa Iglesia nos insiste fervientemente en la importancia de la acción de gracias (Gratiarum actio post Missam). De igual manera que para la preparación, nos propone una serie de oraciones para cada día de la semana, cuyo contenido sigue siendo la insistencia de la pureza y santidad sacerdotal. Por ejemplo, la oración par laferia sexta, es decir para el viernes contiene lo siguiente: Amantissime Domine mi, doleo ex tota anima mea de peccatis meis… Mi Amantísimo Señor, me duelo con toda mi alma de mis pecados… En la oración para el sábado(sabbato) leemos: O voluntas Dei! Tu es amor meus. O Iesu mi! Tu mortuus es pro me… Oh Voluntad de Dios¡ Oh Mi Jesús¡ Tú has muerto por mi…

Queridos hermanos, ¿cómo no voy a tener muy presente mi castidad y santidad, simplemente haciendo aquello que tradicionalmente mi Madre Iglesia me insta a que haga? Es la solicitud constante que la Santa Iglesia hace a sus hijos sacerdotes para que vivan santamente en pureza y castidad perfectísimas, como perfectísimo y santísimo es el Santo Misterio al que están unidos por su consagración sacerdotal, el Santo Sacrificio de la Misa.

No hay vida sacerdotal sin pureza y castidad en el sacerdote, nunca dará frutos entre los fieles asignados a su cuidado y enseñanza, y sólo se podrá esperar de él que el rebaño se disperse.

En la tradición tenemos esta santa enseñanza de la Iglesia, verdadero tesoro, que para quien la sigue da frutos de pureza, castidad y santidad.

O quam pulchra est casta generatio cum claritate.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

FUENTE: adelantelafe.com/

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