FRASES PARA SACERDOTES

« Es preciso volver al confesionario, como lugar en el cual celebrar el sacramento de la Reconciliación, pero también como lugar en el que habitarmás a menudo, para que el fiel pueda encontrar misericordia,consejo y consuelo, sentirse amado y comprendido por Dios y experimentar la presencia de la Misericordia divina, junto a la presencia real en la Eucaristía ».

De: Benedicto XVI, Discurso a los participantes en el XXI curso sobre el Fuero interno, 11 de Marzo 2010.

LA LEVITACIÓN.



La levitación ha sido el tema de un notable trabajo de Olivier Leroy, profesor adjunto de la Universidad, que ha estudiado también la incombustibilidad. Se sabe que ella consiste en el levantamiento, el mantenimiento y el desplazamiento en el aire del cuerpo humano o de diversos objetos, sin apoyo visible y sin la acción manifiesta de alguna fuerza física.


LEVITACIÓN EN LOS SANTOS Y PERSONAS PIADOSAS

Leroy recogió doscientos quince casos; lo que constituye un fenómeno bastante raro.

Ciertos hechos citados en el Antiguo Testamento tienen ciertas analogías con la levitación: Enoch raptado vivo en la tierra, Elias y su carro de fuego,Habacuc transportado desde Judea a Babilonia. El Nuevo Testamento nos habla del traslado de Nuestro Señor sobre el pináculo del templo de Jerusalén, luego sobre la cumbre de un monte, mas los comentaristas no concuerdan al respecto. Finalmente, hay el paseo de Nuestro Señor y San Pedro sobre el agua, y la Ascensión.

Desde esa época hasta nuestros días, las levitaciones (conocidas) parecen distribuirse casi parejas a través de los siglos. Tenemos unas veinte para el siglo XIX y el comienzo del siglo XX.

“El caso más notable es el de San José de Cupertino en el siglo XVII. Las actas de su proceso de canonización, en realidad, comprobaron más de 70 casos de rapto personal en la sola ciudad de Cupertino o en las cercanías. Se trata en él, casi siempre, de vuelos extáticos, es decir, de levitaciones con movimiento de traslación. Según advierte la bula de canonización, publicada el 16 de julio de 1767 por Clemente XIII, ningún Santo puede comparársele en este aspecto.

Se le vio volar del centro de la iglesia hasta el altar mayor, por un trecho de 25 metros aproximadamente; elevarse hasta el pulpito en la misma forma, volar sobre árboles y quedarse posado sobre ramitas flexibles. Le ocurrió que con él se levantaran un confesor del convento de Cupcrtino, el Padre guardián del convento de Asís y un alienado que se le llevara para ser curado. El papa Urbano VIII fue testigo de una levitación, lo mismo que en 1645 el Gran Almirante de Castilla, cuya esposa se desmayó por la emoción.

“La más célebre, sin duda, de las levitaciones de José de Cupcrtino fue la que presenció Federico de Brunswick y que asombró tanto a ese príncipe, que le determinó a abandonar la religión luterana. Juan Federico, en edad entonces de 25 años, visitó en 1649 las principales cortes europeas. Hallándose en Roma, quiso llegar hasta Asís, donde le impelía el renombre del Santo. La mañana siguiente a su llegada al convento, asistió con dos chambelanes a la Misa celebrada por José y le vió elevarse del altar en que oficiaba, cubrir de rodillas en el aire una distancia de cinco pasos y volver al altar. Al día siguiente, en el momento de la consagración, José se levantó de un palmo y se mantuvo así más de cinco minutos sobre la grada del altar, con el brazo levantado, sosteniendo la Hostia. Al ver eso, narra Pastrovicchi, el príncipe se puso a llorar. Uno de sus chambelanes, como él luterano, declaró que lamentaba haber venido para asistir a un espectáculo que trastornaba sus convicciones. El príncipe, después de una conversación con José, no sólo se declaró católico, sino que después de haber asistido a completas y seguido la procesión, se enroló como miembro de la Orden franciscana. Volvió en seguida a Brunswick para arreglar algunos asuntos y, el año siguiente, volvió a Asís para abjurar solemnemente a manos de José, en presencia de los cardenales Facchinetti y Rappacioli. El chambelán luterano H. J. Blume se convirtió a su vez en 1653″.

Una de las últimas levitaciones de San José, es la que ocurrió durante una operación. He aquí la exposición del cirujano Francisco de Pierpolo, que observó los hechos: “Durante la última enfermedad del Padre José, de acuerdo con las órdenes del médico Jacinto Carosi, tuve que aplicar una cauterización en la pierna derecha. El Padre José estaba sentado sobre una silla, con la pierna apoyada sobre mi rodilla. Ya estaba aplicando yo el hierro para la operación; noté entonces que el Padre José estaba arrebatado fuera de sí y en una abstracción completa; los brazos estaban extendidos, los ojos abiertos y vueltos hacia el cielo; la boca estaba entreabierta; la respiración parecía haber cesado. Noté que estaba levantado de un palmo más o menos sobre la silla citada, en la misma posición en que se hallaba antes del éxtasis. Traté de bajar la pierna pero no lo logré: la misma quedó extendida. Una mosca se había posado en su pupila; cuanto más me esforzaba en echarla, tanto más se obstinaba al parecer en volver al mismo sitio; al final tuve que dejarla. Para observar mejor al Padre José me puse de rodillas. El médico antes citado le observaba como yo. Ambos reconocimos visiblemente que el Padre José estaba arrobado, sin sentido físico, y que además estaba bien suspendido en el aire, como dije. Esta situación duró un cuarto de hora, hasta que llegó el Padre Silvestre Evangelista, que vivía en el convento de Osimo. Después de haber observado el fenómeno, este ordenó al Padre José de volver en sí por santa obediencia y lo llamo por su nombre. El Padre José sonrió y recobró los sentidos”.

Entre las levitaciones del siglo XIX, citaremos las del bienaventurado Andreas H. Furent, comprobadas por numerosos testigos, que declararon en el proceso informativo de beatificación. Él se elevaba y permanecía elevado a una altura de 20 centímetros, ya de pie, ya de rodillas, durante la Misa, haciendo el Via Crucis, orando.

La Madre de Bourg, tía de monseñor d’Hulst, se elevaba a menudo delante de los miembros de su familia o delante de las religiosas de su comunidad. A veces intentó resistir, pero inútilmente, como el día en que habiéndose trabado en su reclinatorio, lo levantó con ella y al soltarlo, éste cayó con ruido y se rompió.

Sor María de Jesús Crucificado (1846-1879), carmelita árabe, se levantaba muy alto pero sus levitaciones nunca tuvieron lugar sin algún apoyo. En sus éxtasis, se levantaba por sobre los árboles en el Jardín del Carmelo de Belén, pero se deslizaba sobre la superficie de las frondas y nunca flotaba libremente en el vacío. O. Leroy obtuvo del R. Padre Buzy, capellán del convento, pormenores recogidos de testigos oculares: “Sor María —escribe el Padre Buzy— se levantaba hasta la cumbre de los árboles en la punta de las ramas; ponía su escapulario en una mano, tomaba con la otra una ramita del lado de las hojas, y en un parpadear del ojo se deslizaba por el exterior del árbol hasta su cima. Los testigos insisten en el hecho de que subía instantáneamente. Pasaba también de un tilo a otro por las puntas de las ramas. Una vez subida, se mantenía sobre ramas demasiado débiles como para sostener normalmente una persona de su peso”. El Padre Buzy cita a continuación, como ejemplos, dos o tres declaraciones hechas en el proceso.



LEVITACIÓN FUERA DEL CATOLICISMO

La antigüedad, el budismo, el taoísmo, el mahometismo admiten la levitación y citan diversos casos en sus tradiciones. Sin embargo, faltan los pormenores y O. Leroy pudo lograr la certeza de los casos modernos netamente comprobados.



LA LEVITACIÓN DEMONÍACA

Sulpicio Severo escribe a propósito de San Martín: “He visto, al acercarse Martín, a un demoníaco levantarse y permanecer en el aire, con los brazos extendidos, en forma que sus pies no se posaban en el suelo… Hubierais visto a esos desdichados agitarse en diversa forma: unos estaban levantados y suspendidos en el aire con los pies en alto, sin que sin embargo los vestidos vinieran a caer sobre sus rostros y a descubrir sus cuerpos en forma inconveniente”. Se hallan ejemplos análogos en San Hilario, en San Paulino, en la vida de Santa Genoveva, de San Vicente Ferrer, etc.

O. Loroy cita las levitacionos de una poseída de Louviers, Francisca Fontaine, exorcizada en 1591, que fueron registradas en un acta cuyo original se halla en la Biblioteca Nacional (H. S. N.° 24.122 del fondo francés).Se lee allí que Francisca, en presencia del preboste Morel, de su notario y de otras personas, fue “levantada en el aire cerca de dos pies sobre el suelo, toda derecha”, luego, habiendo caído cuan larga era, fué arrastrada así a través de la sala, con gran asombro de todos. “En otro momento, cuando el preboste le leía a modo de exorcismo el Evangelio según San Juan, la posesa, que estaba extendida sobre el piso de espaldas, se levantó tres o cuatro pies, y fué trasladada así horizontalmente en la dirección del exorcizador improvisado, quien tuvo tanto “miedo” que huyó hasta el recinto reservado a los jueces, y allí se atrincheró”.

Calmeil, en su Traite sur la folie, cita una carta de un misionero: “Pensé durante un exorcismo —dice el misionero— de comandar al demonio, en latin, de transportarlo (al indígena poseso) al techo de la iglesia, con los pies en alto y la cabeza hacia abajo. En seguida su cuerpo se tornó rígido, y como si hubiera estado imposibilitado en todos sus miembros, fué arrastrado del centro de la iglesia hasta una columna, y allí con los pies juntos, el dorso pegado a la columna, sin ayudarse con las manos, fué trasladado en un segundo hasta el cielo raso, como un peso que hubiera sido atraído en alto velozmente sin que pareciera hacer nada de su parte. Suspendido del techo los pies pegados, la cabeza hacia abajo, indiqué al demonio, como me lo había propuesto, la falsedad de la religión pagana. Lo tuve más de media hora en el aire, y no teniendo más paciencia para mantenerlo allí más tiempo, por lo asombrado que yo mismo estaba, ordené al demonio que lo colocara a mis pies sin hacerle daño… El demonio me lo tiró en seguida como un atado de ropa sucia, sin dañarlo”.



LEVITACIÓN DE MÉDIUMS

La levitación —dice Carlos Richet— es “un fenómeno excepcional, aun para los grandes médiums”.

“El célebre médium Daniel Douglas Home, según W. Crookes, tuvo un centenar de levitaciones comprobadas por varios testigos. “En tres ocasiones distintas, vi que Home se elevaba completamente hasta el techo de la habitación. La primera vez, estaba sentado sobre un sofá; la segunda estaba de rodillas sobre su silla y la tercera de pie. En cada ocasión, tuve toda la comodidad posible para observar el fenómeno en el momento en que ocurría”.

Lord Lindsay, Lord Adare y el capitán Charles Winne asistieron a fenómenos parecidos. Estas levitaciones ocurrían generalmente en una oscuridad más o menos acentuada; pero Lord Linsay declaró al comité de la “Dialectical Society”, que había visto a Home, en plena luz, levantado diecisiete pulgadas del suelo.

Este médium, se dice, podía provocar la levitación hasta en otras personas. Habría hecho subir a un amigo del Dr. Hawksley sobre una tosca mesita que con su carga se levantó unas ocho pulgadas del suelo. El Dr. Hawksley pudo examinar a su gusto el fenómeno pasando la mano entre los pies de la mesita y el piso. La escena tuvo lugar a las tres de la tarde.

W. Stainton Moses profesor del University College School, alrededor de los treinta años de edad, fué objeto de fenómenos extraordinarios descritos por su amigo Fr. Myers. Su primera levitación ocurrió el 30 de junio de 1870. Estaba sentado con las espaldas vueltas hacia el círculo de los experimentadores. Y se sintió levantado con su silla a una altura de 30 ó 40 centímetros. Luego el movimiento ascendente continuó, sin silla, hasta que su cabeza se halló a poca distancia del techo. Descendió dulcemente y se encontró sobre su silla que había retomado su lugar. Parecía hallarse perfectamente consciente de todo lo que pasaba y no probó más que una ligera sensación de fatiga al respirar. Esta experiencia fué repetida nueve veces con mayor o menor éxito.

Más recientemente, experiencias análogas fueron realizadas por el Dr. Schwab con María Vollhart, y por el Dr. H. Schrenck-Notzing con el médium Willy. El Dr. Geley vio a éste en Vicna, en casa del Dr. Holub y fué testigo de una levitación, cuyo contralor le pareció impecable”.



LAS SEUDO-LEVITACIONES FISIOLÓGICAS O PATOLÓGICAS

Es común, en ciertos sueños, el hecho de experimentar la sensación de ser levantado, de flotar en el vacío y de moverse en él. El psicólogo Leuba escribe: “Durante experiencias que yo mismo establecí, mediante éter y protóxido de nitrógeno, dos sujetos experimentados tuvieron la sensación de la levitación”. Finalmente, algunos neurópatas o locos tienen la ilusión de elevarse en el aire, como el falso éxtasis de P. Janet, que escribió: “En ciertos momentos no toco ya el suelo; mis sandalias no se mojan cuando el piso está húmedo… Ya no camino, vuelo… Yo estoy cada vez más levantado; el milagro se torna indiscutible. Yo parto… ¡Adiós! ¡Adiós!” Pero sus pies no abandonaron nunca el pavimento.

Por otra parte, se han comparado a menudo a la levitación, los accesos de somnambulismo o de histeria acrobática, que hacen tomar a los pacientes las actitudes más extraordinarias, los hacen saltar en el aire, trepar a los árboles o por las paredes, etc.

Pero en estos dos órdenes de hechos no se trata más que de fantasías del sujeto, o de actos de acrobacia sin relación con la levitación.



LEVITACIÓN DE OBJETOS

A la inversa, cabe comparar a las levitaciones corporales, las levitaciones de objetos, porque en ambos casos son las mismas leyes físicas las que parecen ser violadas y las dos clases de fenómenos pueden aclararse mutuamente.

a) Levitación de objetos religiosos. — La historia religiosa refiere a menudo desplazamientos de objetos sin contacto: estatuas, crucifijos, imágenes, etc. El más célebre de estos fenómenos, pero también el más discutido, es la Traslación de la Casa de la Virgen, la Santa Casa de Nazaret, a Loreto, hacia fines del siglo XIII.

Nos atendremos a un solo ejemplo indiscutible: el milagro del Ostensorio de Favemey, acaecido el 26 y 27 de mayo de 1608, ante la presencia de miles de testigos, comprobado por una investigación oficial, cuyas declaraciones han llegado hasta nosotros, y relatado finalmente por un protestante, Federico Vuillard, que se convirtió después del examen directo de tal prodigio.

“En oportunidad de la fiesta de Pentecostés, se había construido un altar ante las rejas del Coro. El Santísimo había sido depositado allí el sábado, antes de las vísperas. Esa noche y el domingo, numerosas personas hicieron acto de adoración delante de Él. El lunes por la mañana, cuando el sacristán fué a abrir la iglesia, ésta estaba llena de humo y el altar estaba reducido a escombros incandescentes, pero el ostensorio se mantenía sin algún apoyo seis pulgadas más alto y cuatro dedos más atrás, por lo menos, que el lugar en que había sido depositado. Estaba inclinado hacia atrás, de modo que su pie se hallaba a un dedo más o menos de las rejas del coro y la pequeña cruz que lo coronaba, las tocaba con la punta de uno de los brazos. Un trozo de tela quemada había caído entre el intervalo mínimo, del espesor de un grueso cuchillo, que había entre esa punta y las rejas. Un religioso sopló sobre la ceniza y el intervalo apareció completamente libre. El ostensorio quedó en ese estado de levitación durante treinta y seis horas aproximadamente. La muchedumbre acudió de todas partes, para contemplar el prodigio.

Finalmente, el martes por la mañana, poco después de las nueve, mientras el abate Aubry, párroco de Menoux, celebraba la Misa ante gran concurrencia de gente, uno de los cirios encendidos que se hallaban sobre la mesa que se había improvisado debajo del ostensorio, a un palmo del mismo, se apagó tres veces. Y en el momento de la Elevación, “el Sagrado Relicario se movió, dando un leve sonido argentino; luego se dobló, se enderezó de nuevo, y en el mismo momento en que el abate Aubry recogía el sacratísimo Cuerpo de Dios sobre el altar, el ostensorio milagroso descendió derecho, con la cara vuelta a los fieles; bajó dulcemente por sí solo, y sin ayuda de nadie, avanzando por el medio del corporal colocado sobre el pequeño misal, se colocó exactamente a una distancia de tres dedos de las rejas, en su verdadera y digna posición”.

b) Levitación de objetos no religiosos. — Se encuentra en las sesiones mediánicas, generalmente en la oscuridad o a la luz débil y a poca distancia del médium. El Dr. Carlos Richet cita numerosos ejemplos en su Traite de Métapsychique, sobre todo las levitaciones de objetos pequeños mediante Stanislawa Tomezky, en presencia de J. Ochorowitz y del mismo. Nosotros hemos sido testigos personales de levitaciones de objetos, mandolina, pantalla fosforescente, pequeño vestido, etc., obtenida en 1927 en Varsovia por la señora Popiclska, en condiciones de contralor que nos parecieron absolutamente exactas.



APRECIACIÓN DE LOS HECHOS

Advertimos en primer lugar una diferencia esencial entre los hechos religiosos y los no religiosos, tanto que se trate de levitación corporal como de levitación de objetos. Los primeros son independientes de toda condición de lugar, de iluminación, de ambiente y de sujeto: ocurren dentro o fuera de una iglesia, en un locutorio, en una celda o en una habitación; en plena luz o no, en la soledad, en presencia de dos o tres personas o ante una muchedumbre; el sujeto no se prepara en absoluto al fenómeno y es levantado independientemente de su voluntad, en éxtasis o no. La levitación puede llegar a notable altura y realizar un verdadero traslado a distancia y durar horas.

La levitación no religiosa requiere habitualmente locales favorables, una iluminación discreta o nula, un grupo de personas simpáticas formando cadena, un médium en estado de trance. El desplazamiento es rara vez importante y tiene sólo una duración muy breve.

Hemos comprobado que la levitación espontánea fisiológica o patológica no existe, al parecer.

El Dr. Carlos Richet, en los desplazamientos de objetos a poca distancia del médium, admite la posibilidad de la expansión fluida (ectoplasma) fuera del cuerpo de estos últimos. Aunque esta concepción provoque numerosas objeciones, los resultados obtenidos por los diversos experimentadores y sobre todo la frecuencia y, diríase, la vulgaridad de las levitaciones de objetos durante sesiones mediúmnicas o metapsíquicas, serían muy favorables a una posibilidad de acción motora a distancia por el cuerpo humano.

Pero cuando se trata de fenómenos más importantes, como las levitaciones corporales, vemos a los médiums invocar a placer las teorías espiritistas. Un amigo de Home, el Dr. Hawksley, escribió a este respecto: “Después de un serio examen de los hechos, he llegado a la conclusión que esas manifestaciones son provocadas posiblemente por un espíritu inteligente que domina o posee el cuerpo de mi amigo y que puede abandonarlo al producir diversos fenómenos lejos de él: tocar un instrumento de música, levantar o trasladar objetos, leer el pensamiento y responder en manera inteligente, a las cuestiones formuladas mediante signos… Por cierto, me inclino a creer que Home es un poseso, a pesar de que conozco su vida y sus costumbres y estoy por ello convencido de que es un hombre sincero, leal, generoso y bueno”.

Henos aquí llevados, por lo tanto, por los mismos médiums y sus adláteres a la intervención probable de un preternatural, que según la teología no podría nunca ser el hecho de almas descarnadas, sino de demonios. Por esta razón hallamos las levitaciones diabólicas.

Las levitaciones en las religiones no cristianas demostrarían, con todas las reservas por una levitación natural restringida, la intervención a veces del Espíritu del Mal, que trata de trastornar los espíritus; a veces, la de lo preternatural angélico o de lo sobrenatural divino, en la medida con que Dios quiera animar el impulso sincero hacia Él; a veces finalmente una consecuencia de la unión mística, como lo expondremos en seguida.

Finalmente, las levitaciones en los Santos y personas piadosas, con excepción de ciertas pruebas diabólicas, procederían generalmente en forma directa o indirecta de Dios, para manifestar la virtud del sujeto. La opinión clásica (López, Ezquerra, Scaramelli, Benedicto XV) ve en la levitación del extático“una comunicación anticipada y milagrosa de la agilidad de los cuerpos gloriosos”.

Sin embargo, hay muchos casos en que la levitación en los Santos ocurre con caracteres tan extraordinarios que no permiten absolutamente suponerla bajo la acción directa de Dios: San José de Cupertino debió ser excluido de los ejercicios de la comunidad, en razón de los escándalos que provocaba; los paseos de Sor María de Jesús Crucificado por los tilos son mediocremente edificantes; los objetos levantados en el aire y dejados caer con ruido, alimentan muy poco la piedad de los presentes. Por otra parte, levitaciones como las del Padre Francisco Suárez ocurren en la soledad de una celda y a veces sin que ellos tengan conciencia del hecho: no parece que se pueda atribuir a las mismas un fin de estímulo personal o de edificación pública. Además, ciertas levitaciones tienen caracteres de regularidad en sus repeticiones, y de imperfección, que las hacen poco comprobables por los presentes, que las aprecian como fenómenos de alguna manera automáticos y sometidos a condiciones de producción y desarrollo.

Estas consideraciones han llevado a diversos autores, como el Padre de Grandmaison, a considerar algunos casos de levitación en personas piadosas, no ya un milagro directo, sino la consecuencia directa de cierto estado de unión mística con Dios. Es además lo que dice haberle sido revelado Santa Catalina de Sena: “el alma perfecta vive en unión constante con Dios; aunque mortal todavía, ella goza de la dicha de los inmortales, y a pesar del peso de su cuerpo, recibe la alegría del espíritu. Así algunas veces, el cuerpo es levantado por esa unión perfecta del alma conmigo, como si el cuerpo hubiera perdido su peso para tornarse liviano. Sin embargo, nada ha perdido de su peso; pero como la unión del alma conmigo es más perfecta que la unión entre el cuerpo y el alma, la fuerza del espíritu fijo en mí, levanta de la tierra el peso del cuerpo”.

Y el Padre Sempé escribe: “No pidamos, pues, a los ángeles para el cuerpo del extático, lo que el alma puede darle ella misma, como un excedente de lo que a ella misma le da Dios”.

Pero en este caso puede preguntarse si el espíritu de los médiums, fijo fuera de sí mismos en el estado de trance, no podría en medida leve determinar un salto de las facultades posibles del cuerpo humano a un estado superior.

En resumen, la levitación podría proceder:
a) tal vez, cuando no es importante, de aptitudes mal conocidas del cuerpo humano;

b) de intervenciones diabólicas, ya manifiestas, ya veladas, bajo apariencias espiritistas o metapsíquicas;

c) de una modificación de las cualidades corporales bajo la acción de un alma penetrada por la gracia de la unión mística, extática o no;

d) de una intervención angélica o divina, parecida a la que se demuestra en una levitación como la del ostensorio de Faverney.

Desde el punto de vista biológico, la primera y la tercera causa de la levitación parecen atraer especialmente la atención, la primera por los problemas fisiológicos que plantea, la tercera por ese rastro de influencia del alma sobre el cuerpo y de las cualidades posibles del cuerpo humano, que la misma nos da. Cierta relación podría existir entre ambos casos. De cualquier modo, en el segundo caso entrevemos la realización biológica de la frase de San Pablo:“Nuestra ciudad está en los cielos, de donde esperamos a nuestro Salvador y Señor Jesucristo, que reformará nuestros cuerpos miserables sobre el modelo de su cuerpo glorioso” (A los Filip., III, 20-21).


FUENTE:  Dr. Henri Bon, Medicina Católica, (1942)

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