FRASES PARA SACERDOTES

O me siguen o siguen al mundo. Si me siguen a Mi, es preciso que abandonen al mundo y sus vanidades, que es lo que decía Elias al pueblo.

De: Puerta del Cielo.


El Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, de la Sagrada Congregación para el clero, en el n. 66 refiriéndose a la obligación del traje eclesiástico dice: "En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero --hombre de Dios, dispensador de Sus misterios-- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público.

El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel --más aún, por todo hombre su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

Por esta razón, el clérigo debe llevar «un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legitimas costumbres locales».

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A MIS SACERDOTES. (Concepción Cabrera de Armida).

CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA
(MEXICO, 1862 - 1937)


La vanidad nace de la soberbia:  es el ser mismo de Satanás.

El sacrificio es uno de los puntos culminantes y como el cimiento para la transformación en Mí.

Solo el Espíritu Santo transforma, regenera, hermosea y llena de gracias a las almas, las transforma en Mí, y es su mayor gusto por complacer al Padre, y pone toda su actividad en el alma QUE SE DEJA HACER, QUE RECIBE SU ACCIÓN Y SU UNCIÓN SIN RESISTIRLA.

Sin duda que me basta el amor divino; y no sólo me basta sino que soy el mismo Amor, con el Padre y con el Espíritu Santo. Pero me hice hombre por hacer feliz al hombre; por llevarlo a Dios, a la Divinidad,  PERO COMO HOMBRE, QUIERO AMOR DE HOMBRE, CARICIAS HUMANAS, TERNURAS HUMANAS...

Nadie es santo, si no se transforma en Mí por el Espíritu Santo y por María.

No sólo quiero que se me honre en los templos de piedra, sino en los templos vivos de las almas.



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