FRASES PARA SACERDOTES


"Nunca pueden confiar en una persona que desprecia la Madre de Dios. No le pueden oír nada de lo que enseña, no pueden leer nada de lo que escribe y no pueden oír nada de lo que predica. El que desprecia a la Madre de Jesús es un mismo enviado del diablo. Porque el único que persigue a la Madre de Jesús, la teme y la odia es satanás."

De: LA BATALLA ESPIRITUAL, Marino Restrepo.

EL SACERDOTE ABRE LAS PUERTAS AL FUTURO DE DIOS PARA EL MUNDO

LA DIFAMACIÓN.

"No murmuréis unos de otros, hermanos; el que murmura de su hermano
 o juzga a su hermano,murmura de la Ley, juzga a la Ley" (Sant 4, 11).
 "Los chismosos, los calumniadores, aborrecidos de Dios" (Rm 1, 29,30).

Un pecado terrible que ha sido la causa de que muchas almas hayan sido arrojadas al infierno es la DIFAMACIÓN ( ó Detracción) , otro de los pecados de la “famosa” lengua.


UNA VEZ DIJO NUESTRO SEÑOR: "(La Difamación), ¡Oh infame y universal peste que causa la muerte de tantas almas! ¡Detengan esta corriente impetuosa que conduce tantas almas al infierno! ¡En cuán graves males y profundos precipicios caen las personas que no refrenan su imaginación y su lengua (y se ponen a difamar). A muchas, más le valiera no haber nacido.”


Conociendo el pecado de la difamación. 

1) ¿Qué es la Difamación?
2) ¿Cuán grave es este pecado ?
3) ¿Cuándo es pecado mortal y cuándo es venial?
4) ¿Cómo se debe restituir la fama?
5) ¿Es en algún caso lícita la Difamación?
6) ¿Cómo peca el que oye la Difamación?

¿QUÉ ES LA DIFAMACIÓN?


Hay varias maneras de ofender al prójimo con nuestras palabras:

I) si las malas palabras dañan el honor del prójimo, el pecado se llama CONTUMELIA (Cuando uno insulta a otro en su cara); es el tema que vimos hace dos semanas;
II) si las palabras dañan la prosperidad de otro, el pecado se llama MALDICIÓN (cuando alguien con sus palabras le desea un mal a otro; ejemplos: que se muera, que se enferme, que le vaya mal en los negocios, etc.)
III) y si las palabras dañan la fama del prójimo, entonces el pecado se llama DIFAMACIÓN ( ó Detracción)



DEFINICIÓN
Difamación, es la injusta denigración de la fama del prójimo, hecha en ausencia de aquél a quien se difama.


DIVISIÓN: La Difamación se divide principalmente en dos:


a) DIFAMACIÓN SIMPLE  Es cuando se manifiesta, sin justa causa, un pecado o vicio oculto del prójimo;

b) CALUMNIA Es cuando se le imputa falsamente al prójimo algún pecado ó crimen; la calumnia le agrega a la difamación simple el hecho de decir también una mentira, y a veces tan perniciosa, que daña mucho la fama del prójimo.



La Difamación también puede ser directa ó indirecta:

DIFAMACIÓN DIRECTA, cuando claramente se narra el pecado ó vicio de prójimo;
(EJEMPLO: el difamador dice expresamente: “Fíjate que fulanita, el otro día, salió con un hombre casado”;


DIFAMACIÓN INDIRECTA, cuando el pecado ó vicio de prójimo no se manifiesta claramente, sino que sólo se insinúa, lo cual puede hacerse no sólo con palabras, sino también con gestos; EJEMPLO: el difamador dice: “fíjate que la otra noche, fulanita llegó muy tarde a la casa, quién sabe qué habrá estado haciendo”.


También es Difamación indirecta cuando se niegan o disminuyen las buenas cualidades del prójimo. Esta Difamación indirecta, a veces es más maliciosa que la difamación directa, pues hay expresiones que dañan mucho la fama del prójimo:


EJEMPLOS:
- “Y con esto que te digo, no te digo todo, ehh?”
- “¡ay!, si pudiera decirte todo lo que sé”,
- “sí, fulanita es piadosa, pero…”


¿CUÁN GRAVE ES ESTE PECADO DE LA DIFAMACIÓN ? 
                Lo que dicen algunos textos.


La difamación es un pecado contra la justicia, porque el hombre tiene perfecto derecho a su fama.

¿Cómo creéis que podéis hablar bien vosotros, que sois malos? Porque la boca habla de lo que llena el corazón del hombre. Sacamos nuestros actos y palabras de la sobreabundancia de lo que tenemos en nosotros. El hombre bueno saca de su tesoro bueno cosas buenas; el malo, de su tesoro malo, saca las cosas malas. Y habla y actúa según su interior.

En verdad os digo que ociar es pecado, pero mejor es ociar que hacer obras malas. Y os digo también que es mejor callar que hablar ociosamente y con maldad. Aunque vuestro silencio fuera ocio, guardad silencio antes que pecar con la lengua. Os aseguro que de toda palabra dicha vanamente se pedirá a los hombres justificación en el día del Juicio, y que por sus palabras serán justificados los hombres, y también por sus palabras serán condenados. ¡Cuidado, por tanto, vosotros, que tantas decís más que ociosas!, pues que son no sólo ociosas sino activas en el mal y con la finalidad de alejar a los corazones de la Verdad que os habla. (Revelaciones de Jesús a María Valtorta)


Si se compara este pecado con otros, los autores dicen que este pecado de la difamación es menos grave que el homicidio y que el adulterio, pero que es un pecado más grave que el hurto, pues como dice la Sagrada Escritura: “Para el hombre, es mejor el buen nombre que las muchas riquezas” (Prov. 22,1)

Además, este pecado de la difamación daña mucho el bien común de la sociedad, pues el bien común exige que las acciones malas del prójimo no sean reveladas si no hay suficiente motivo; pues si a todos les fuese lícito revelar los pecados ocultos de las personas, de allí surgirían muchos pleitos, envidias, odios, y por lo tanto, la paz y la tranquilidad de las familias y de toda la sociedad se perturbaría.
El camino de la difamación es la crítica y el chismorreo, porque, además de proferir críticas infamantes, con frecuencia son ocasiones de sembrar la discordia que acaba con la buena amistad. «Maldice al chismoso y al de lengua doble, porque ha sido la perdición de muchos que vivían en paz» (Eccl 28,13). 

Muchas veces, comentar rumores infundados no exime de falta de difamación y, frecuentemente, se identifican con ella. Se difama también por los medios de comunicación social. En estos casos aumenta su difusión y, por lo mismo, su gravedad. Esta circunstancia ha de tenerse en cuenta, pues en la práctica y en momentos de disputas públicas, personas e instituciones quedan malparadas en su fama y prestigio. A ello contribuye la pasión y desenfado de la disputa y, más aún, la deformación moral que justifica en las controversias públicas lo que no se considera lícito en la intimidad de una conversación.

La gravedad de la difamación depende de varios factores: de la importancia del defecto o delito revelado, de la autoridad y buena reputación del difamado, del prestigio del difamante, del eco y divulgación del escándalo que puede originarse, y de las consecuencias personales y sociales que se siguen de la relación de esos hechos ocultos y que van en desdoro de la persona o institución difamada. En la práctica se ha de formar adecuadamente la consciencia del que difama. Con frecuencia los libros de moral, aceptando el principio de su gravedad intrínseca, al encontrarse con circunstancias atenuantes, alivian el juicio moral sobre el pecado de d. Pero este pecado tiene siempre una especial gravedad, porque hiere la buena fama de las personas, produce penosas tribulaciones y es siempre la negación de la caridad, ya que «el amor no hace mal al prójimo, pues el amor es la plenitud de la ley» (Rom 13,10) y «en el amor fraterno, sed cariñosos unos con otros honrándoos a porfía también unos con otros» (Rom 12,10).

El pecado de difamación es de la misma especie que el de calumnia. Lo prueba el hecho de que tanto el Derecho Romano, como el Canónico y la Moral no hacen distinción, y tratan conjuntamente los principios morales sobre la difamación y la calumnia. Su diferencia es sólo de mayor o menor gravedad. La calumnia añade a la difamación la mentira, pero ambas son pecados contra la caridad y la justicia.

En la Sagrada Escritura hay muchos pasajes en los que Dios nos habla en contra de este pecado, y dice que los difamadores son odiosos a Dios y a los hombres (Prov. 24,9), y que serán excluidos del Reino de los cielos. Por eso, el gran Sabio, Salomón, nos advierte contra este pecado y exclama: “Mira, no resbales en tu hablar, no vaya a ser que tu caída sea mortal e incurable (Eccl.28,30)”


En los Salmos, el rey David, hablando de los difamadores, exclama lo siguiente: “Su garganta es un sepulcro abierto, con sus lenguas maquinan continuamente engaños; ¡Júzgalos, oh, Dios mío!” (Salm.5,11)

Y San Pablo hace entrar este pecado de la difamación (maledicencia) entre los crímenes más enormes que excluyen del Reino de los cielos: “Ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los maldicientes, poseerán el reino de Dios”. (I. Cor. 6,9-10)

¿Y qué dicen los santo sobre el pecado de la difamación? Pues lo consideran como una abominación y como una obra del demonio. Tan sólo San Bernardo dice que, el Difamador, con la espada de su lengua, mata tres almas de un solo golpe: mata a su misma alma, mata al alma que lo escucha, y mata el alma del pobre difamado.


"La lengua es un órgano pequeño, pero hace cosas grandes. Una religiosa que no es callada, nunca llegará a la santidad, es decir no será santa. No se haga ilusiones; a no ser que el Espíritu de Dios hable por ellas, en tal caso no debe callar. Pero para poder oír la voz de Dios, hay que tener la serenidad en el alma y observar el silencio, no un silencio triste, sino un silencio en el alma, es decir el recogimiento en Dios. 

Se pueden decir muchas cosas sin interrumpir el silencio y, al contrario, se puede hablar poco y romper continuamente el silencio. Oh, que daños irreparables causa no guardar el silencio. Se hace mucho daño al prójimo, pero sobre todo a su propia alma. Según mi opinión y mi experiencia, la regla del silencio debería estar en el primer lugar. 

Vi a muchas almas en los abismos infernales por no haber observado el silencio. Ellas mismas me lo dijeron cuando les pregunté cual había sido la causa de su ruina. Eran almas consagradas. Oh Dios mío, que dolor al pensar que podrían estar no solamente en el paraíso, sino hasta ser santos. 

Oh Jesús, Misericordia, tiemblo al pensar que debo rendir cuenta de la lengua, en la lengua está la vida, pero también la muerte, a veces con la lengua matamos, cometemos un verdadero asesinato ¿y podemos considerar esto como una acosa pequeña? De verdad no entiendo estas conciencias. (Santa Faustina)


¿CUÁNDO ES PECADO MORTAL Y CUÁNDO VENIAL?


Para determinar la gravedad del pecado, habrá que considerar tres aspectos:

a) la gravedad del pecado ó defecto que se está revelando
b) la condición y dignidad de la persona difamada
c) la eficacia de la difamación

a) la gravedad del pecado ó defecto que se está revelando
- si se dice de otro un pecado grave, ordinariamente el pecado será mortal
- si se revela un pecado leve, ordinariamente el pecado será venial
Ejemplos:
- Si se anda diciendo que fulanito es adúltero, homosexual, drogadicto, violador, ladrón ; esto hiere mucho la fama del prójimo y por eso el pecado ordinariamente será mortal
- Si se anda diciendo que fulanita es perezosa, que es mal geniada, que es imprudente, indocta, esto normalmente no hiere mucho la fama del prójimo, por eso el pecado ordinariamente será venial.

b) la condición y dignidad de la persona difamadaSi se está infamando a una persona de cierta dignidad, aún cuando sólo se revele algún pecado en sí mismo leve, puede llegar a ser pecado mortal:
Ejemplo: - decir que un obispo ò un sacerdote es mentiroso, el pecado puede fácilmente ser mortal


Por el contrario, si se infama a una persona de condición y dignidad inferior, aún cuando se diga de ella algún pecado grave, no por eso el pecado será mortal, sino que podría ser venial:
Ejemplo: - si se infama a una criada de servicio diciendo que es una ladrona,
el pecado no necesariamente será mortal

c) la eficacia de la difamación. Es decir, hay que ver que tanto daño se causa a la persona infamada; Y para medir este daño, hay que considerar: quién está difamando, y quiénes están escuchando;
- si la persona que está difamando es una persona de cierta dignidad, prudencia y autoridad, su difamación hace más daño que si lo hiciera una persona de inferiores cualidades; Por eso, la difamación hecha por una persona de gran autoridad, es más grave;
- también, es pecado más grave revelar cosas a personas locuaces y chismosas, que revelarlas a personas prudentes y serias.
- Igualmente, es más grave revelar el pecado a varias ó a muchas personas, que a una sola.


¿CÓMO SE DEBE RESTITUIR LA FAMA?


Hay que distinguir si se trata de calumnia ó de simple difamación. El calumniador debe retractarse de lo dicho, aún con perjuicio de su propia fama, porque la fama del inocente es más valiosa que la fama del culpable.

EL QUE HA COMETIDO SIMPLE DIFAMACIÓN (ha revelado pecados o defectos verdaderos del prójimo), no puede negar lo que dijo, pues mentiría; Pero sí tiene que declarar que cometió un error al decir tal cosa, que no debió haber hablado,etc. Además de hacer esto, el difamador debe aprovechar toda ocasión que tenga para alabar y honrar al difamado (por las virtudes que tenga, por sus buenas obras, etc.)

NOTA: La reparación debe ser proporcionada y suficiente. Así, el que difama en público, está obligado a retractarse en público, para que así las personas que se dieron cuenta de la ofensa, puedan volver a tener la estimación que tenían por la persona antes difamada.



¿ES EN ALGÚN CASO LÍCITA LA DIFAMACIÓN?


LA DIFAMACIÓN QUE ES CALUMNIA, en ningún caso es lícita.


Pero LA SIMPLE DIFAMACIÓN, es decir, el manifestar el pecado oculto del prójimo, aunque éste pierda la fama, es lícito hacerlo cuando haya una justa causa, y así lo exija el bien público ó el privado, porque de esta manera cesa en el pecador el derecho a conservar su fama.


EJEMPLOS DE CAUSAS JUSTAS:
- la utilidad notable del que revela el pecado ( si lo hace para pedir consejo o favor, y no con ánimo de difamar)
- la utilidad del pecador, para que se arrepienta o corrija
- el bien público; cuando se evitan daños que amenazan a la Iglesia, a la Sociedad
- el bien privado de los oyentes o de otras terceras personas (para librarlos de un mal cierto o probable)


En todos estos casos, al manifestar el pecado ajeno, ni se viola la justicia, porque el prójimo no tiene derecho estricto a su fama hasta el punto que los demás callen con grave daño propio; ni se viola la caridad, que no obliga con grave incómodo.


¿CÓMO PECA EL QUE OYE LA DIFAMACIÓN?


- Si el que oye la difamación influyó eficazmente para que el otro difamara, peca contra la justicia y contra la caridad:
Peca contra la justicia, por ser también causa del daño que se infiere al difamado; Y peca contra la caridad, por cooperar al pecado del que difama;
- el que se goza al oír una difamación grave, peca gravemente contra la caridad, por alegrarse del daño ajeno.
- Cuando alguien oye a otro difamar, y no hace nada por impedirlo porque le dio vergüenza, o por negligencia o por temor, el pecado podría llegar a ser venial;
(los padres que oyen difamar a sus hijos, y nos los corrigen, cometen pecado contra la justicia, pues es su deber corregirlos)
- Si impedir la difamación es fácil y eficaz, tendrá que hacerse bajo pena de pecado
- Los que de algún modo manifiestan su disgusto contra la difamación, no cometen pecado.


CONCLUSIÓN


En un día muy próximo, Nuestro Señor se presentará delante de nosotros para examinar la gracia en nuestra alma.


¡Ay de nosotros si no estamos preparados! Pues entonces seríamos arrojados a las tinieblas de fuera, donde será el llanto y rechinar de dientes para toda la eternidad


Y también, ¡ay de nosotros si, aún poseyendo la gracia, la misma estuviera toda manchada! pues de esta manera seríamos arrojados fuera, a las tinieblas del Purgatorio, hasta que el fuego limpiase todas las manchas de nuestra alma;

¡Y QUE FÁCIL ES MANCHAR NUESTRA ALMA CON EL PECADO DE LA DIFAMACIÓN! ¡Ya sea difamando, o también oyendo la difamación!


¡CORREGIR ESTE ABOMINABLE VICIO!,


Practiquemos la caridad;
La caridad es benigna, es suave;
La caridad es bienhechora, no piensa mal;
La caridad aparta los ojos del vicio, para no divisarlo;
La caridad no halla un maligno placer en descubrir las iniquidades.
Muy lejos de mostrarlas, las deplora;
y lejos de burlarse del pecador, lo compadece.


LA CARIDAD, EN VEZ DE DESCUBRIR LOS PECADOS, LOS OCULTA, en cuanto es posible, a todas las miradas, cubriéndolos con su manto.

Adaptaciones: 

Homilía de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, (Principal referencia),
El Evangelio como me ha sido revelado, 
Diario de Santa Faustina. 
...

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