FRASES PARA SACERDOTES


"Nunca pueden confiar en una persona que desprecia la Madre de Dios. No le pueden oír nada de lo que enseña, no pueden leer nada de lo que escribe y no pueden oír nada de lo que predica. El que desprecia a la Madre de Jesús es un mismo enviado del diablo. Porque el único que persigue a la Madre de Jesús, la teme y la odia es satanás."

De: LA BATALLA ESPIRITUAL, Marino Restrepo.

EL SACERDOTE ABRE LAS PUERTAS AL FUTURO DE DIOS PARA EL MUNDO

EL SECRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO por San Luís María Grignon de Monfort (Parte 2)


Capullo de Rosa 
A los niños. 

7) A vosotros, amiguitos míos, os ofrezco un hermoso capullo de rosa; es el granito de vuestro Rosario, que os parecerá tan insignificante. Mas ¡oh, qué precioso es ese granito! ¡Qué admirable es ese capullo! ¡Cómo se desarrollará si rezáis devotamente vuestra avemaría! Mucho sería pediros que rezarais el Rosario todos los días; rezad por lo menos diariamente un tercio del Rosario con devoción, y será una linda corona de rosas que colocaréis en las sienes de Jesús y de María. Creedme; y escuchad una hermosa historia, y no la olvidéis. 

8) Dos niñas, hermanitas, estaban a la puerta de su casa rezando devotamente el Santo Rosario. Aparéceseles una hermosa Señora, la cual se aproxima a la más pequeña, que tenía de seis a siete años, la toma de la mano y se la lleva. Su hermana mayor la busca llena de turbación y, desesperada de poder encontrarla, vuelve a su casa llorando. El padre y la madre la buscan tres días sin encontrarla. Pasado este tiempo, la encuentran a la puerta con el rostro alegre y gozoso. Le preguntan de dónde viene y contesta que la Señora a quien rezaba el Rosario la había llevado a un lugar muy hermoso y le había dado a comer cosas muy buenas y había colocado en sus brazos a un Niño bellísimo. El padre y la madre, recién convertidos a la fe, llamaron al Padre Jesuita que los había instruido en ella y en la devoción del Rosario y le contaron lo que había ocurrido. De sus propios labios lo hemos sabido nosotros. Aconteció en el Paraguay (1). 

Imitad, amados niños, a estas dos fervorosas niñas; rezad todos los días, como ellas, el Rosario, y mereceréis así ver a Jesús y a María: si no en esta vida, después de la muerte, durante la eternidad. Amén. 

Sabios e ignorantes, justos y pecadores, grandes y pequeños, alaben y saluden día y noche con el Santo Rosario a Jesús y a María. 

"Salutate Mariam, quae multum laboravit in vobis" (2). 

Primera Decena 

Excelencia del Santísimo Rosario en su origen y en su nombre. 

1a Rosa 

9) El Rosario comprende dos cosas, a saber: la oración mental y la oración vocal. La oración mental del Santo Rosario es la meditación de los principales misterios de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. La oración vocal del Rosario consiste en decir quince decenas de avemarías precedidas por un padrenuestro y terminadas por un gloria. Se meditan y contemplan las quince virtudes principales que Jesús y María han practicado en los quince misterios del Santo Rosario.
En la primera parte, que consta de cinco decenas, se honran y consideran los cinco misterios gozosos; en la segunda, los cinco misterios dolorosos; y en la tercera, los cinco misterios gloriosos. De este modo, el Rosario es un compuesto sagrado de oración mental y vocal para honrar e imitar los misterios y las virtudes de la vida, muerte, pasión y gloria de Jesucristo y de María. 

2a Rosa 

10) El Santo Rosario, compuesto en su fondo y substancia de la oración de Jesucristo y de la salutación angélica -esto es, el padrenuestro y el avemaría- y la meditación de los misterios de Jesús y María, es sin duda la primera oración y la devoción primera de los fieles, que desde los apóstoles y los discípulos se transmitió de siglo en siglo hasta nosotros. 

11) No obstante, el Santo Rosario, en la forma y método que lo recitamos al presente, sólo fue inspirado a la Iglesia en 1214 por la Santísima Virgen, que lo dio a Santo Domingo para convertir a los herejes albigenses y a los pecadores. Ocurrió en la forma siguiente, según cuenta el Beato Alano de la Roche en su famoso libro titulado De Dignitate Psalterii. Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y de penitencia, no cesando de gemir, de llorar y de macerar su cuerpo con disciplinas para calmar la cólera de Dios; de suerte que cayó medio muerto. La Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo, se le apareció entonces y le dijo: "¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?" "Oh Señora, respondió él, Vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación." Ella añadió: "Sabe que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento; y por tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio." El Santo se levantó muy consolado y, abrasado de celo por el bien de aquellos pueblos, entró en la Catedral. En el mismo momento, sonaron las campanas por intervención de los ángeles para reunir a los habitantes, y al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta; la tierra tembló, el sol se nubló, los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes; y aumentó su terror al ver una imagen de la Santísima Virgen expuesta en lugar preeminente, levantar los brazos tres veces hacia el cielo, para pedir a Dios venganza contra ellos si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.
El cielo quería por estos prodigios aumentar la nueva devoción del Santo Rosario y hacerla más notoria.
La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continuó su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores de Tolosa lo aceptaron casi todos, renunciaron a sus errores, y en poco tiempo se vio un gran cambio en la vida y las costumbres de la ciudad. 

3a Rosa 

12) Este milagroso establecimiento del Santo Rosario, que guarda cierta semejanza con la manera en que Dios promulgó su ley sobre el monte Sinaí, manifiesta evidentemente la excelencia de esta divina práctica. Santo Domingo, inspirado por el Espíritu Santo, predicó todo el resto de su vida el Santo Rosario con el ejemplo y la palabra, en las ciudades y en los campos, ante los grandes y los pequeños, ante sabios e ignorantes, ante católicos y herejes. El Santo Rosario -que rezaba todos los días- era su preparación para predicar y su acción de gracias de haber predicado. 

13) Un día de San Juan Evangelista en que estaba el Santo en Nuestra Señora de París rezando el Santo Rosario, como preparación a la predicación, en una capilla situada tras el altar mayor, se le apareció la Santísima Virgen y le dijo: "Domingo, aunque lo que tienes preparado para predicar sea bueno, he aquí, no obstante, un sermón mucho mejor que yo te traigo." Santo Domingo recibe de sus manos el libro donde estaba el sermón, lo lee, lo saborea, lo comprende, da gracias por él a la Santísima Virgen. Llega la hora del sermón, sube al púlpito y, después de no haber dicho en alabanza de San Juan Evangelista sino que había merecido ser custodio de la Reina del Cielo, dice a toda la concurrencia de grandes y doctores que habían venido a oírle -habituados todos a discursos floridos- que no les hablará con palabras de sabiduría humana, sino con la sencillez y la fuerza del Espíritu Santo. Y, efectivamente, les predicó el Santo Rosario explicándoles palabra por palabra, como a niños, la salutación angélica, sirviéndose de comparaciones muy sencillas, que había leído en el papel que le había dado la Santísima Virgen. 

14) He aquí las mismas palabras del sabio Cartagena, tomadas por él del libro del Beato Alano de la Roche titulado De Dignitate Psalterii: B. Alanus Patrem sanctum Dominicum sibi haec in revelatione dixisse testatur: "Tu praedicas, fili, sed uti caveas ne potius laudem humanam quaeras quam animarum fructum, audi quid mihi Parisiis contigit. Debebam in majori ecclesia beatae Mariae praedicare, et volebam curiose non jactantiae causa, sed propter astantium facultatem et dignitatem. Cum igitur more meo per horam fere ante sermonem in psalterio meo (Rosarium intelligit) quadam in capella post altare majus orarem, subito factus in raptum, cernebam amicam meam Dei Genitricem afferentem mihi libellum et dicentem: "Dominice, et si bonum est quod praedicare disposuisti sermonem, tamen longe meliorem attuli." Laetus librum capio, lego constanter, ut dixit, reperio, gratias ago, adest hora sermonis, adest parisiensis Universitas tota, dominorumque numerus magnus. Audiebant quippe et videbant signa magna quae per me Dominus operabatur; itaque ambonem ascendo. Festum erat sancti Joannis Evangelistae. De eo aliud non dico nisi quod custos singularis esse meruit Reginae coeli. Deinde auditores sic alloquor: Domini et Magistri praestantissimi, aures reverentiae vestrae solitae sunt curiosos audire sermones et auscultare. At nunc ego non in doctis humanae sapientiae verbis, sed in ostensione spiritus et virtutis loquar." Tunc, ait Carthagena post beatum Alanum, stans Dominicus eis explicavit Salutationem angelicam comparationibus et similitudinibus familiaribus hoc modo (1). 

15) El Beato Alano de la Roche, como dice el mismo Cartagena, refiere otras varias apariciones de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen a Santo Domingo para instarle y animarle a predicar el Santo Rosario, a fin de combatir el pecado y convertir a pecadores y herejes, dice: Beatus Alanus dicit sibi a beata Virgine revelatum fuisse Christum Filium suum apparuisse post se sancto Dominico et ipsi dixisse: "Dominice, gaudeo quod non confidas in tua sapientia, sed cum humilitate potius affectas salvare animas quam vanis hominibus placere. Sed multi praedicatores statim volunt contra gravissima peccata instare, ignorantes quod ante gravem medicinam debet fieri praeparatio, ne medicina sit inanis et vacua: quapropter prius homines debent induci ad orationis devotionem et signanter ad psalterium meum angelicum; quoniam, si omnes coeperint hoc orare, non dubium est quin perseverantibus aderit pietas divinae clementiae. Praedica ergo psalterium meum (2)." 

16) En otro lugar dice el Beato Alano: Omnes sermocinantes et praedicantes christicolis exordium pro gratia impetranda a Salutatione angelica faciunt. Hujus rei ratio sumpta est ex revelatione facta beato Dominico cui beata Virgo dixit: "Dominice, fili, nil mireris quod concionando minime proficias. Enimvero aras solum a pluvia non irrigatum. Scitoque, cum Deus renovare decrevit mundum Salutationis angelicae pluviam praemisit; sicque ipse in melius est reformatus. - Hortare igitur homines in concionibus ad Rosarii mei recitationem, et magnos animarum fructus colliges." Quod sanctus Dominicus strenue executus uberes ex suis concionibus animarum fructus retulit (3). 

17) He tenido gusto en copiar palabra por palabra los pasajes latinos de estos buenos autores en favor de los predicadores y personas eruditas, que pudieran poner en duda la maravillosa virtud del Santo Rosario. Mientras siguiendo a Santo Domingo se predicó la devoción del Santo Rosario, la piedad y el fervor florecían en las órdenes religiosas que practicaban esta devoción y en el mundo cristiano; pero desde que no se hizo tanto aprecio de ese presente venido del cielo, no se ve más que pecado y desórdenes por todas partes. 

4a Rosa 

18) Como todas las cosas, aun las más santas, en cuanto dependen de la voluntad de los hombres, están sujetas a cambios, no hay porque sorprenderse de que la Cofradía del Santo Rosario sólo subsistiese en su primitivo fervor alrededor de cien años después de su institución. Luego estuvo casi sumida en el olvido. Además, la malicia y envidia del demonio han contribuido, sin duda, a la menor estimación del Santo Rosario, para detener los torrentes de gracia de Dios que esta devoción atraía al mundo. En efecto, la justicia divina afligió todos los reinos de Europa el año 1349 con la peste más horrible que se recuerda, la cual desde Levante se extendió a Italia, Alemania, Francia, Polonia y Hungría y desoló casi todos estos territorios, pues de cien hombres apenas quedaba uno vivo; las poblaciones, las villas, las aldeas y los monasterios quedaron casi desiertos durante los tres años que duró la epidemia. Este azote de Dios fue seguido de otros dos: la herejía de los flagelantes y un desgraciado cisma el año 1376. 

19) Luego que, por la misericordia de Dios, cesaron estas calamidades, la Santísima Virgen ordenó al Beato Alano de la Roche, célebre doctor y famoso predicador de la Orden de Santo Domingo del convento de Dinan, en Bretaña, renovar la antigua Cofradía del Santo Rosario, para que, ya que esta Cofradía había nacido en esta provincia, un religioso de la misma tuviese el honor de restablecerla. Este Beato Padre empezó a trabajar en esta gran obra el año 1460, después que Nuestro Señor Jesucristo, para determinarle a predicar el Santo Rosario, le manifestó un día en la Sagrada Hostia, cuando el Beato celebraba la Santa Misa: "¿Por qué me crucificas tú de nuevo?" "¿Cómo, Señor?", le contestó el Beato Alano enteramente sorprendido. "Son tus pecados los que me crucifican, le respondió Jesucristo, y preferiría ser crucificado otra vez a ver a mi Padre ofendido por los pecados que has cometido. Y me crucificas aún, porque tienes ciencia y cuanto es necesario para predicar el Rosario de mi Madre y por este medio instruir y desviar muchas almas del pecado; tú los salvarías, impidiendo grandes males, y, no haciéndolo, eres culpable de los pecados que ellos cometen." Estos reproches terribles resolvieron al Beato Alano a predicar incesantemente el Rosario. 

20) La Santísima Virgen le dijo también cierto día, para animarle aún más a predicar el Santo Rosario: "Fuiste un gran pecador en tu juventud, pero he obtenido de mi Hijo tu conversión, he rogado por ti y hubiese deseado, a ser posible, padecer toda clase de penas para salvarte, pues los pecadores convertidos son mi gloria, y para hacerte digno de predicar por todas partes mi Rosario." Santo Domingo, describiéndole los grandes frutos que había conseguido en los pueblos por medio de esta hermosa devoción que les predicaba continuamente, le dijo: "Vides quomodo profecerim in sermone isto; id etiam facies et tu, et omnes Mariae amatores, ut sic trahatis omnes populos ad omnem scientiam virtutum." "Ves el fruto que he conseguido con la predicación del Santo Rosario; haz lo mismo, tú y todos los que amáis a María, para de ese modo atraer todos los pueblos al pieno conocimiento de las virtudes."
Esto es en compendio lo que la historia nos enseña del establecimiento del Santo Rosario por Santo Domingo y de su renovación por el Beato Alano de la Roche. 

5a Rosa 

21) No hay, hablando con propiedad, más que una Cofradía del Rosario, compuesta de 150 avemarías; pero con relación al fervor de las distintas personas que lo practican hay tres clases, a saber: el Rosario común u ordinario, el Rosario perpetuo y el Rosario cotidiano. La Cofradía del Rosario ordinario sólo exige que se rece una vez por semana, y la del Rosario perpetuo, una vez al año; pero la del Rosario cotidiano exige rezarlo entero -es decir, las 150 avemarías- diariamente. Ninguno de estos Rosarios implica obligación bajo pecado, ni aun venial; porque la promesa de rezarlo es completamente voluntaria y de supererogación; pero no debe alistarse en la Cofradía quien no tenga voluntad de cumplir esa promesa, según lo exige la Cofradía, siempre que pueda sin faltar a las obligaciones de su estado. Así, cuando el rezo del Rosario coincida con una acción que por nuestro estado es obligatoria, debe preferirse esta acción al Rosario por santo que sea. Cuando en la enfermedad no pueda rezarse en todo ni en parte sin exacerbar el padecimiento, no obliga. Cuando por legítima obediencia, olvido involuntario o necesidad apremiante no ha podido rezarse, no hay ningún pecado, ni aun venial; y no deja por eso de participarse de las gracias y méritos de los otros hermanos y hermanas que lo rezan en todo el mundo. 

Cristianos: si faltáis a este rezo por pura negligencia, sin ningún motivo formal, absolutamente hablando tampoco pecáis, pero perdéis la participación en las oraciones, buenas obras y méritos de la Cofradía, y, por vuestra infidelidad en cosas pequeñas y de supererogación, caeréis insensiblemente en la infidelidad a las cosas grandes y de obligación esencial; porque: "Qui spernit modica paulatim decidet" (4). 

6a Rosa 

22) Desde que Santo Domingo estableció esta devoción hasta el año 1460, en que el Beato Alano de la Roche la renovó por orden del cielo, se le llama el salterio de Jesús y de la Santísima Virgen, porque contiene tantas salutaciones angélicas como salmos contiene el salterio de David, y los sencillos e ignorantes, que no pueden rezar el salterio de David, encuentran en el Rosario un fruto igual y aun mayor que el que se consigue con el rezo de los salmos de David: 1) Porque el salterio evangélico tiene un fruto más noble, a saber: el Verbo encarnado, mientras que el salterio de David no hace más que predecirle; 2) Como la verdad sobrepasa a la figura y el cuerpo a la sombra, del mismo modo el salterio de la Santísima Virgen sobrepasa al salterio de David, que sólo fue sombra de aquél; 3) Porque la Santísima Trinidad es la que ha compuesto el salterio de la Santísima Virgen o Rosario, que se integra de padrenuestros y avemarías. 

El sabio Cartagena refiere al respecto: Sapientissimus Aquensis, libro ejus de Rosacea Corona ad Imperatorem Maximilianum conscripto, dicit: "Salutandae Mariae ritus novitiis inventis haud quaquam adscribitur. Si quidem cum ipsa pene ecclesia pullulavit; nam cum inter ipsa nascentis ecclesiae primordia, perfectiores quoque fideles tribus illis Davidicorum psalmorum quinquagenis, divinas laudes assidue celebrarent, ad rudiores quoque qui modo arctius divinis vacabant piis moris aemulatio est derivata... rati id quod erat, cuncta illorum sacramenta psalmorum in coelesti hoc elogio delitescere, si quidem eum quem psalmi venturum concinunt, hunc jam adesse, haec formula nuntiavit; sicque trinas salutationum quinquagenas "Mariae Psalterium" appellare coeperunt, oratione utique dominica in singulas decades ubique praeposita prout a psalmidicis observari ante adverterunt (5)." 

23) El salterio o Rosario de la Santísima Virgen está dividido en tres Rosarios de cinco decenas cada uno: 1) Para honrar a las tres personas de la Santísima Trinidad; 2) Para honrar la vida, muerte y gloria de Jesucristo; 3) Para imitar a la Iglesia Triunfante, ayudar a la militante y aliviar a la padeciente; 4) Para imitar las tres partes de los salmos, cuya primera parte es para la vía purgativa, la segunda para la vía iluminativa y la tercera para la unitiva; 5) Para colmarnos de gracia durante la vida, de paz en la muerte y de gloria en la eternidad. 

7a Rosa 

24) Desde que el Beato Alano de la Roche renovó esta devoción, la voz pública, que es la voz de Dios, le ha dado el nombre de Rosario, que significa corona de rosas. Es decir, que cuantas veces se reza como es debido el Rosario se coloca sobre la cabeza de Jesús y de María una corona compuesta de 153 rosas blancas y 16 rosas encarnadas del paraíso que jamás perderán su hermosura ni su brillo. La Santísima Virgen aprobó y confirmó este nombre de Rosario, revelando a varios que le presentaban tantas rosas agradables cuantas avemarías rezaban en su honor y tantas coronas de rosas como Rosarios. 

25) El Hermano Alfonso Rodríguez, de la Compañía de Jesús, rezaba el Rosario con tanto ardor, que veía con frecuencia a cada padrenuestro salir de su boca una rosa encarnada, y a cada avemaría, una blanca, igual en hermosura y buen aroma y solamente distinta en el color. 

Las crónicas de San Francisco cuentan que un joven religioso tenía la buena costumbre de rezar todos los días antes de la comida la corona de la Santísima Virgen. Un día, no se sabe por qué, faltó a ella, y estando servida la cena rogó a su superior que le permitiese rezarla antes de ir a la mesa. Con este permiso se retiró a su habitación; pero como tardaba mucho, el superior envió un religioso a llamarle. 

Éste le encontró iluminado con celestes resplandores y a la Santísima Virgen con dos ángeles cerca de él. Cada vez que decía un avemaría, una rosa salía de su boca, y los ángeles cogían las rosas una tras otra y las colocaban sobre la cabeza de la Santísima Virgen, que les testimoniaba su consentimiento. Otros dos religiosos, enviados para saber la causa del retraso de sus compañeros, vieron este misterio, y no desapareció la Santísima Virgen hasta que terminó el rezo de la corona. 

El Rosario es, pues, una gran corona, y el de cinco decenas, una guirnalda de flores o coronilla de rosas celestes que se coloca sobre las cabezas de Jesús y María. La rosa es la reina de las flores, y del mismo modo el Rosario es la rosa y la primera de las devociones. 

8a Rosa 

26) No es posible expresar cuánto estima la Santísima Virgen el Rosario sobre todas las devociones y cuán magnánima es al recompensar a quienes trabajan para predicarlo, establecerlo y cultivarlo y cuán terrible es, por el contrario, con aquellos que quieren hacerle oposición.
Santo Domingo en nada puso durante su vida tanto entusiasmo como en alabar a la Santísima Virgen, predicar sus grandezas y animar a todos a honrarla por medio del Rosario. Esta poderosa Reina del Cielo, a su vez, no cesó de derramar sobre Santo Domingo bendiciones a manos llenas; coronó sus trabajos con mil prodigios y milagros, nada pidió éste a Dios que no obtuviera por intercesión de la Santísima Virgen, y -para colmo de favores- Ella le sacó victorioso de la herejía de los albigenses y le hizo padre y patriarca de una gran Orden. 

27) ¿Qué diría yo del Beato Alano de la Roche, reparador de esta devoción?
La Santísima Virgen le honró varias veces con su visita para instruirle sobre los medios de conseguir su salvación, hacerse buen sacerdote, perfecto religioso e imitador de Jesucristo.

Durante las tentaciones y persecuciones horribles de los demonios, que le reducían a una extremada tristeza y casi a la desesperación, le consolaba y disipaba con su dulce presencia todas estas nubes y tinieblas. Ella le ensenó el modo de rezar el Rosario, sus excelencias y sus frutos, le favoreció con la gloriosa calidad de nuevo esposo y, como arras de sus castos amores, le puso un anillo en el dedo, un collar hecho con su pelo al cuello, y le dio un Rosario. El Abad Tritemio, el docto Cartagena, y el sabio Martín Navarro y otros hablan de él con elogio.
Después de haber atraido a la Cofradía del Rosario más de cien mil almas, murió en Zunolle, Flandes, el 8 de septiembre del año 1475. 

28) Envidioso el demonio de los grandes frutos que el Beato Tomás de San Juan, célebre predicador del Santo Rosario, conseguía con esta práctica, le redujo por medio de duros tratos a estado de una larga y penosa enfermedad, en la que fue desahuciado por los médicos. Una noche en que él se creía infaliblemente a punto de morir se le apareció el demonio en espantosa figura; pero, elevando él devotamente los ojos y el corazón hacia una imagen de la Santísima Virgen que había cerca de su cama, gritó con todas sus fuerzas: "¡Ayudadme, socorredme, dulcísima Madre mía!" Apenas hubo acabado estas palabras, la imagen le tendió la mano y le apretó el brazo, diciéndole: "No temas Tomás, hijo mío, yo te auxilio: levántate y continúa predicando la devoción de mi Rosario como habías empezado. Yo te defenderé contra todos tus enemigos." A estas palabras de la Santísima Virgen, huyó el demonio. Se levantó el enfermo en perfecta salud, dió gracias a su buena Madre con un torrente de lágrimas, y continuó predicando el Rosario con éxito maravilloso. 

29) La Santísima Virgen no favorece solamente a los predicadores del Rosario, también recompensa gloriosamente a aquellos que, por su ejemplo, atraen a otros a esta devoción. 

A Alfonso, rey de León y Galicia, que deseaba que todos sus criados honrasen a la Santísima Virgen con el Santo Rosario, se le ocurrió, para animarles con su ejemplo, llevar ostensiblemente un gran Rosario, aunque sin rezarlo, lo que bastó a obligar a todos sus cortesanos a que lo rezaran devotamente. 

El rey cayó gravemente enfermo y cuando le creían muerto fue transportado en espíritu al tribunal de Jesucristo, vio allí a los demonios, que le acusaban de todos los crímenes que había cometido, y cuando iba a ser condenado a las penas eternas, se presentó a su favor la Santísima Virgen delante de su divino Hijo; se trajo entonces una balanza, se colocaron todos los pecados del rey en un platillo, y la Santísima Virgen colocó en el otro el gran Rosario que él había llevado en su honor, juntamente con los que, gracias a su ejemplo, habían rezado otras personas, y esto pesaba más que todos sus pecados. Y después, mirándole con ojos compasivos, le dijo: "He obtenido de mi Hijo, como recompensa del pequeño servicio que me hiciste llevando el Rosario, la prolongación de tu vida por algunos años. Empléalos bien y haz penitencia." El rey, vuelto en sí de este éxtasis, exclamó: "¡Oh bendito Rosario de la Santísima Virgen, por el que fui librado de la condenación eterna!" Después que recobró la salud pasó el resto de su vida con gran devoción al Santo Rosario y lo rezó todos los días.

Que los devotos de la Santísima Virgen procuren ganar cuantos fieles puedan para la Cofradía del Santo Rosario, a ejemplo de estos santos y de este rey; conseguirán en la tierra la protección de Nuestra Señora y luego la vida eterna. "Qui elucidant me vitam aeternam habebunt" (6). 

9a Rosa 

30) Pero veamos ahora qué injusticia es impedir los progresos de la Cofradía del Santo Rosario y cuáles son los castigos de Dios para los desgraciados que la han despreciado y quisieron destruirla.

Como la devoción del Santo Rosario ha sido autorizada por el cielo con varios prodigios y aprobada por la Iglesia en varias bulas de los Papas, sólo los libertinos, impíos y espíritus fuertes de estos tiempos se atreven a difamar la Cofradía del Santo Rosario o alejar de ella a los fieles. En verdad que sus lenguas están infectadas con el veneno del infierno y que son movidas por el espíritu maligno; porque nadie puede desaprobar la devoción del Santo Rosario sin condenar lo más piadoso que hay en la Religión Cristiana, a saber: la oración dominical, la salutación angélica y los misterios de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre.

Estos espíritus fuertes, que no pueden sufrir que se rece el Rosario, caen con frecuencia en el criterio, reprobado, de los herejes, que tienen horror al Rosario. 

Aborrecer las cofradías es alejarse de Dios y de la piedad, puesto que Jesucristo nos asegura que se encuentra en medio de los que se reúnen en su nombre. No es ser buen católico despreciar tantas y tan grandes indulgencias como la Iglesia concede a las cofradías. Disuadir a los fieles de que pertenezcan a la del Santo Rosario es ser enemigo de la salvación de las almas, que por este medio dejan el partido del pecado para abrazar la piedad. San Buenaventura dijo con razón que morirá en pecado y se condenará quien haya despreciado a la Santísima Virgen: "Qui negligerit illam morietur in peccatis suis." ¡Qué castigos aguardan a los que apartan a otros de la devoción a Nuestra Señora! 

10a Rosa 

31) En ocasión en que Santo Domingo predicaba esta devoción en Carcasona, un hereje se dedicó a poner en ridículo los milagros y los quince misterios del Santo Rosario, lo que impedía la conversión de los herejes. Dios permitió, para castigar a este impío, que 15.000 demonios entrasen en su cuerpo; sus parientes le llevaron al bienaventurado Padre (Santo Domingo) para librarle de los espíritus malignos. Aquél se puso en oración y exhortó a todos los presentes a rezar con él el Rosario en alta voz, y he aquí que a cada avemaría la Santísima Virgen hacía salir cien demonios del cuerpo de este hereje en forma de carbones encendidos. Después que fue curado, abjuró de todos sus errores, se convirtió y se inscribió en la Cofradía del Rosario, con otros muchos compañeros arrepentidos con este castigo y con la virtud del Rosario. 

32) El docto Cartagena, de la Orden de San Francisco, y otros varios autores refieren que el año 1482, cuando el venerable Padre Diego Sprenger y sus religiosos trabajaban con gran celo para restablecer la devoción y la Cofradía del Santo Rosario en la ciudad de Colonia, dos famosos predicadores, envidiosos de los grandes frutos que los primeros obtenían con esta práctica, trataron de desacreditarla en sus sermones, y como tenían talento y predicamento grandes, disuadieron a muchas personas de inscribirse. Uno de estos predicadores, para mejor conseguir su pernicioso intento, preparó expresamente un sermón en domingo. Llegó la hora y el predicador no aparecía: se le esperó, se le buscó y al fin se le encontró muerto, sin haber sido auxiliado por nadie. Persuadido el otro predicador de que este accidente era natural, resolvió suplirle para abolir la Cofradía del Rosario. El día y hora del sermón llegaron, y Dios castigó al predicador con una parálisis que le quitó el movimiento y la palabra. Entonces reconoció su falta y la de su compañero, recurrió con el corazón a la Santísima Virgen, prometiéndole predicar por todas partes el Rosario con tanto brío como lo había combatido y rogándole que le devolviese para esto la salud y la palabra, lo alcanzó de la Santísima Virgen, y, encontrándose súbitamente curado, se levantó como otro Saulo, cambiado de perseguidor en defensor del Santo Rosario. Hizo pública reparación de su falta y predicó con mucho celo y elocuencia las excelencias del Santo Rosario. 

33) No dudo de que los espíritus fuertes y críticos de nuestros días, cuando lean las historias de este librito, las pondrán en duda, como han hecho siempre, aunque yo no he hecho sino transcribirlas de muy buenos autores contemporáneos, y en parte de un libro compuesto recientemente por el R. P. Antonino Thomas, de la Orden de Predicadores, titulado El Rosal Místico.

Todos saben que hay tres clases de fe para las diferentes historias. A las historias de la Sagrada Escritura, les debemos una fe divina; a las historias profanas que no repugnan a la razón y están escritas por buenos autores, una fe humana; a las historias piadosas referidas por buenos autores y en modo alguno contrarias a la razón, a la fe y a las buenas costumbres, aunque a veces sean extraordinarias, una fe piadosa. Reconozco que no hay que ser ni muy crédulo ni muy crítico, y que debemos quedarnos siempre en el medio para encontrar el punto de verdad y de virtud; pero también sé que así como la caridad cree fácilmente todo aquello que no es contrario a la fe ni a las buenas costumbres, "Caritas omnia credit" (7), del mismo modo el orgullo conduce a negar casi todas las historias bien justificadas con el pretexto de que no están en la Sagrada Escritura. 

Es el lazo de Satanás, en que han caído los herejes que niegan la tradición y donde los críticos de hoy caen insensiblemente, no creyendo porque no comprenden o cuando no les agrada, sin otra razón que el orgullo y su propia suficiencia. 

(1) El Beato Alano afirma que Santo Domingo le dijo un día en una revelación: "Hijo mío, tú predicas, pero, para que no busques las alabanzas de los hombres antes que la salvación de las almas, escucha lo que me sucedió en París. Debía predicar en la magnífica iglesia dedicada a la bienaventurada María y quería hacerlo de un modo ingenioso, no por orgullo, sino por la influencia y dignidad del auditorio. Según mi costumbre, oraba recitando mi salterio (es decir, el Rosario), durante la hora que precedía a mi sermón, en cierta capilla tras el altar mayor, y tuve un rapto. Veía a mi amada Señora la Madre de Dios, que trayéndome un libro me decía: "Domingo, aunque el sermón que has decidido predicar es bueno, te traigo aquí otro mejor." Muy gozoso, cogí el libro, lo leí entero y, como María había dicho, comprendí bien que aquello era lo que convenía predicar. Le di gracias con todo mi corazón. Llegada la hora del sermón, tenía delante de mi la Universidad de París en masa y un gran número de señores. Ellos oían y veían las grandes señales que por mediación mía les hacía el Señor. Subo al púlpito. Era la fiesta de San Juan, pero de tal apóstol me contenté con decir que mereció ser escogido para custodio singular de la Reina del cielo; y después digo así a mi auditorio: Señores y Maestros ilustres, estáis acostumbrados a escuchar sermones elegantes y sabios; pero yo no quiero dirigiros las doctas palabras de la sabiduría humana, sino mostraros el Espíritu de Dios y su virtud." Y entonces -dice Cartagena siguiendo al Beato Alano- Santo Domingo explicó la salutación angélica por comparaciones y semejanzas familiares. 

(2) El Beato Alano dice que la Santísima Virgen le reveló que Jesucristo su Hijo se había aparecido después de Ella a Santo Domingo y le había dicho: "Domingo, me alegro de ver que no confías en tu sabiduría, sino que, humildemente, prefieres salvar a las almas a agradar a los hombres vanos. Muchos predicadores quieren en seguida tronar contra los pecados más graves, olvidando que antes de dar una medicina penosa, es necesario que tenga lugar la preparación. Por eso deben antes exhortar al auditorio al amor a la oración, especialmente a mi angélico salterio; porque si todos empiezan a rezarlo no es dudoso que la divina clemencia estará propicia para los que perseveren. Predica, pues, mi Rosario." 

(3) Todos los predicadores hacen decir a los cristianos la salutación angélica, al principio de sus sermones, para obtener la gracia divina. La razón de ello se encuentra en una revelación hecha a Santo Domingo por la bienaventurada Virgen. "Domingo, hijo -le dijo-, no te sorprendas de que no tengan éxito tus predicaciones, porque trabajas en una tierra que no ha sido regada por la lluvia. Sabe que, cuando Dios quiso renovar el mundo, envió de antemano la lluvia de la salutación angélica, y así es como se reformó el mundo. Exhorta, pues, en tus sermones a rezar el Rosario, y recogerás grandes frutos para las almas." Y habiéndolo hecho así Santo Domingo con constancia obtuvieron sus predicaciones notable éxito. 

(5) El sapientísimo de Aix-la-Chapelle -J. Bessel-, en su libro La Corona de Rosas, dedicado al emperador Maximiliano, dice: "No puede afirmarse que la salutación mariana sea una invención reciente. Se extendió con la Iglesia misma. Efectivamente, desde los orígenes de la Iglesia, los fieles más instruidos celebraban las alabanzas divinas con la triple cincuentena de salmos davídicos. Entre los más humildes, que encontraban serias dificultades en el rezo del oficio divino, surgió una santa emulación... Pensaron, y con razón, que en el celestial elogio -el Rosario- se incluyen todos los secretos divinos de los salmos. Sobre todo porque los salmos cantaban al que debía venir, mientras que esta fórmula se dirige al que ha venido ya. Por eso comenzaron a llamar "Salterio de María" a las tres series de cincuenta oraciones, anteponiendo a cada decena la oración dominical, como habían visto hacer a quienes recitaban los salmos."

(Continuará)

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