FRASES PARA SACERDOTES


"SED PEQUEÑOS, DÓCILES, HUMILDES, POBRES".

De: A los Sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Madre.

EL INFIERNO REAL VISTO POR OLIVA CON JESUS.

Narraciones por el Padre Carlos Cancelado.

Video 1 de 10.


El Padre Carlos Cancelado nos muestra esta sorprendente e inaudita Revelación de Nuestro Señor a Matilde Oliva Arias, la Vidente de Jesús de la Misericordia, a quien nuestro Señor llevó -para mostrarle- EL INFIERNO, y para que cuente lo que viera. Esta señora tiene más de 70 años actualmente y el Señor le prometió que su vida no terminaría sin que viera los días finales.

¡Sinceramente vale la pena verlo completo, y compartirlo!

Dramático, emotivo y conmovedor el relato a la salida del infierno, donde Jesucristo se sienta sobre una roca ensangrentado y llorando. Al preguntarle la vidente en su inocencia por qué lloraba responde: "PORQUE MI SANGRE DERRAMADA POR TODOS AQUELLOS A LOS QUE

ACABAS DE VER (en el infierno) SE DESPERDICIÓ"

Así empezó el "viaje" hacia esta pavorosa y tremenda realidad eterna:

Oliva le besa los pies a Jesús, y los separó. ”No supe que pasó, pero vi que un hueco inmenso se abrió bajo los pies del Señor. No sé si viajamos atreves de Él, pero pronto me vi en el infierno. Escuche gritos, lamentos, había desesperación, aquel lugar era horrible. Sentí miedo, sentí morirme de pavor, y me dije, hay de mi Señor donde estoy!!!! El señor me dijo: “no temas nada, nada te pasara, Yo estoy contigo, observa bien”.

Entonces vi una hornilla como la boca de un volcán. De ella salían llamas inmensas. Era como un fondo donde se cocina la caña para hacer miel. Como un lago de azufre hirviendo a borbollones, había ahí mucha gente que gritaba y pedía auxilio sin ser escuchados. Unos insultaban, otros estaban vestidos lujosamente, otros estaban sin ropa. Creo que estaban con la ropa que los enterraron. Un hombre muy rico, con mantos y anillos en los dedos, y cadenas en el cuello, sacaba la mano y decía, sálvame por esto! y mostraba como un gajo de cebolla. Pero las llamas empezaban a consumir el gajo de cebolla hasta quemarle los dedos. Creo que fue algo que dio, pero sin amor, o lo único que regaló en su vida.

El tormento era cruel, no había paz, le pregunté al Señor ¿este es el rechinar de dientes? Y me contesto “No, todavía no es. Es solo parte del sufrimiento de los condenados”.

Alrededor de la hornilla había demonios con las piernas cruzadas, todos tenían un trinche largo. Su aspecto era horrible, sus ojos rojos, boca malvada, sonrisa malévola, de un color casi negro como gris.

Fumaban y fumaban algo que los hacía más rebeldes. Y bebían un líquido rojizo que los llenaba de soberbia.

De pronto todos se colocaron de pie en posición firme. Los condenados deseaban desaparecer. Se consumían en el lago de fuego, era una multitud incontable. El infierno se estremeció, todo tembló. Por una
puerta entraba un demonio como de casi 2 metros de alto, más horrible que los otros demonios. Este tenía cuernos, garras, cola y alas como de murciélago. Los demás no tenían nada de eso. Grito y zapateo, y todo volvió a temblar, pregunté quien era, y el Señor me dijo:” Es Satanás, Lucifer, rey del inferno". 

(Continuará)

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