FRASES PARA SACERDOTES

Dice San Pablo:

"Los frutos es lo que nos hace espirituales, no los dones".

COMUNIÓN DE RODILLAS Y EN LA BOCA


 

San Pío X "Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior". (Catecismo de San Pío X). Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo: "El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor".

DESENMASCARANDO AL DEMONIO Y AL CATÓLICO LIBERAL.


“Si yo fuera el diablo…” (Advertencia para una nación)


Estimado lector, tome nota de la fecha. Este mensaje por el legendario comentarista de radio Paul Harvey fue transmitido por ABC Radio el 03 de abril de 1965.

“Si yo fuera el diablo… quiero decir, si yo fuera el Príncipe de las Tinieblas, desearía, desde luego, sumergir a la tierra entera en tinieblas. Poseería una tercera parte de sus terrenos y cuatro quintas partes de su población, pero no sería feliz hasta no haber agarrado la manzana más madura del árbol. Así que, me las arreglaría comoquiera que fuera necesario para tomar control de los Estados Unidos de América. Comenzaría con una campaña de susurros. Con la astucia de una serpiente, te susurraría a ti, como susurré a Eva: ‘Haz lo que quieras. Hazlo como quisieras’. Susurraría a los jóvenes: ‘La Biblia es un mito’. Les convencería que el hombre creó a Dios en vez de viceversa. Les confesaría en secreto que lo malo es bueno, y que lo que es bueno es ‘carca’. Al oído de los que acaban de casarse susurraría que trabajar es degradante; que las fiestas de cóctel hacen bien a uno. Les advertiría que no fueran extremistas cuando de la religión se trata, o del patriotismo, o de la conducta moral. Enseñaría a los ancianos a orar. Les enseñaría a repetir tras mí: ‘Padre nuestro, que estás en Washington…’.


“Si yo fuera el diablo, educaría a los autores sobre cómo hacer la literatura morbosa aún más excitante de tal manera que cualquier otra cosa pareciera aburrida y sin interés. Amenazaría a la industria de la televisión con películas de largometraje todavía más sucias, y viceversa. Entonces, si yo fuera el diablo, me organizaría. Infiltraría uniones, abogando por más holganza y menos trabajo, pues las manos desocupadas usualmente trabajan por mí. Pasaría estupefacientes a quien pudiera. Vendería bebidas embriagantes a damas y caballeros distinguidos. Y pondría embobados a los demás con pastillas. Si yo fuera el diablo, animaría a las escuelas a refinar el intelecto de los jóvenes, pero a no preocuparse por inculcarles la disciplina de emociones, que dejen que éstas corran desenfrenadamente. Designaría a un ateísta que me representara en las cortes más altas del país y motivaría a predicadores a decir ‘tiene la razón’. Valiéndome de halagos y promesas de poder, podría conseguir que las cortes legislaran a favor de lo que concibo como opuesto a Dios, incluso la pornografía, y así, echaría a Dios de los tribunales, y luego de las escuelas, y entonces de las recámaras del Congreso, y entonces, en sus propias iglesias sustituiría la psicología por la religión, y deificaría a la ciencia, pues haciendo esto, los hombres podrían adquirir suficiente inteligencia para crear armas de destrucción masiva pero no la sabiduría necesaria para controlarlas.


“Si yo fuera Satanás, haría que el símbolo de la Pascua fuera un huevo, y que el símbolo de la Navidad fuera una botella. Si yo fuera el diablo, tomaría de los que tienen, dándoselo a los que no tienen, hasta el punto de acabar con lo que incentiva a los ambiciosos. Y entonces, mi estado policiaco obligaría a que todo el mundo volviera a trabajar. Luego, podría disolver a las familias, haciendo a niños servir en las fuerzas armadas, a las mujeres trabajar en minas de carbono, y objetores, en campos de concentración. En otras palabras, si yo fuera Satanás, seguiría haciendo lo que él ya está haciendo.


“Paul Harvey”.
3 de abril de 1965

-oOo-

Estamos viviendo la mayor apostasía de la fe desde el nacimiento de la Iglesia. Y para mayor vergüenza está ocurriendo en las naciones de la antigua Cristiandad.

Las naciones más poderosas de la tierra llaman mal al bien y bien al mal. Fomentan la matanza de los pequeños inocentes como si fuera una política razonable y sensata. El inmenso poder de la tecnología y la psicología modernas se emplean a todos los niveles para redefinir el significado y el valor de la vida humana. El asesinato institucionalizado es un fenómeno masivo y global. Es el reino del crimen y la mentira.

Lo demoníaco está presente en el mundo. Siempre lo ha estado, pero hoy es más generalizado, más aceptado. Incluso, el humo de Satanás ha penetrado en el templo de Dios gracias a la labor de la quinta columna modernista.

San Pablo, en la epístola a los Efesios, menciona al “Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los rebeldes” (2,2). Su labor, la labor de este Príncipe, es tentar y pervertir; viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres y la fe. Y desgraciadamente a la vista de tanto abandono de las cosas de Dios, se puede afirmar que su callada pero incansable labor, está teniendo muchos frutos e insospechados alcances.

Por eso, que nadie dude que estamos viviendo los días en los que muchos católicos que de palabra y en apariencia son creyentes, en el fondo casi no se distinguen de los paganos, pues viven como ellos y se han hecho liberales.

Muchos cristianos se han vuelto tan superficiales, mundanos, autocomplacientes y corruptos que hace tiempo que perdieron la inocencia y la luz. Incluso aceptan el aborto, viéndolo como un procedimiento médico necesario, un derecho fundamental, un factor igualador entre los sexos y hasta una mejora de la calidad de vida. No se dan cuenta de que constituye un paralelo exacto de los ritos satánicos en que se sacrificaban niños inocentes sobre el altar del egoísmo y la lujuria.

Han perdido el discernimiento espiritual, y no les queda otra cosa que la apariencia de ser religiosos. Viven como paganos, actúan como paganos, se visten como paganos, se relacionan con otros paganos, asisten a sitios y espectáculos paganos, creen y piensan como paganos y ¡lo peor! se dicen creyentes. Su "credo" particular -resultado de acomodar la fe y la moral a su conveniencia-, en vez de mejorar su vida, justifica el pecado. Esto es peor que ser sólo pagano.

Es tanto el relajamiento de las costumbres y tan generalizada la difusión de las herejías -interna y externamente- que no es difícil suponer que la profecía bíblica de la gran apostasía universal empieza ya a cumplirse.

Es tal el grado de confusión que llegamos a pervertirlo todo:

“La anticoncepción es hacer el amor sin hacer el niño; la fecundación «in vitro» es hacer el niño sin hacer el amor; el aborto es deshacer el niño; y la pornografía es deshacer el amor", señaló Jerôme Lejeune, premio Nobel de Biología.

Es tan grave el proceso de autodemolición en la Iglesia y de paganización en la sociedad que es imperiosa -más que nunca- la constancia en la oración y la perseverancia y fidelidad en la fe católica en aquellos que no han claudicado. Oremos a Dios para que se revierta todo esto y para que nos preserve de caer en ello. Pidamos el retorno de quienes han claudicado contaminados por el liberalismo reinante, por aquellos que diciéndose "católicos" han terminado por pensar y vivir como paganos. Empleemos esta oración compuesta por Santa Teresa de Ávila:

“¡Oh, qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío, que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad! Vos decís, Señor mío, que venís a buscar los pecadores; éstos, Señor, son (y somos) los verdaderos pecadores. No miréis nuestra ceguedad, mi Dios, sino a la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros. Resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra. Válganos vuestra bondad y misericordia.”

Amén.

FUENTE: http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com. 

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